22 nov 2008

Presentación de las Disertaciones

Una disertación es entendida como una acción en la que se razona o problematiza una cuestión, un objeto, con la finalidad de exponerlo, criticarlo o refutarlo. Las disertaciones eran un método de enseñanza muy común en la edad Media. En ellas los alumnos y los maestros exponían un tema para después abrir una discusión y poder llegar a una conclusión. Nosotros pretendemos hacer lo mismo, y ¿por qué no? Alcanzar verdades a las que pudieron haber llegado los antiguos. Tal vez nuestras pretensiones son muy altas, pero de no ser así, no nos moveríamos.

La finalidad de esta serie de “encuentros filosóficos” es que entre los que formamos la comunidad de la escuela de Filosofía de la UPAEP nos ayudemos a nuestra preparación seria de filósofos; pues creemos que el comentario y la opinión del compañero son importantes y constructivos para mejorar nuestros conocimientos y entendimiento de la verdad. También de este modo, podemos llevar a los oídos de los demás algunas filosofías o problemáticas que por interés personal no les pondríamos atención que, sin embargo, forman parte de la historia del pensamiento y de una u otra manera han contribuido a formar a las pensadores en quienes sí tenemos interés en estudiar. Esto por lado del compañero expositor. Por el lado de los escuchas, podemos aportar opiniones, críticas y observaciones que nos permitan aclarar mejor el tema expuesto y a su vez, ayudar al ponente a dominar mejor el tema, a conocerlo más o mostrarle donde hay aún un punto “débil”. Es por eso que los invitamos a la participación activa en las disertaciones, pues sin los comentarios del público esto no podría realizarse.

Publicamos los temas presentados en las disertaciones para poder continuar con el diálogo a través de esta plataforma y poder continuar en el desarrollo de nuestro conocimiento. Los invitamos a escribir sus comentarios.

2 oct 2008

¿Dónde está la izquierda?

Octubre 1, 2008 by José Saramago

Me ausento de este espacio durante veinticuatro horas, no por necesidad de descanso o falta de asunto, simplemente para que la última crónica se mantenga un día más en el lugar en que está. No estoy seguro de que lo merezca por la forma en que dije lo que pretendía, sino para darle un poco más de tiempo mientras espero que alguien me informe donde está la izquierda…

Hace alrededor de tres o cuatro años, en una entrevista a un diario sudamericano, creo que argentino, entre la retahíla de preguntas y respuestas solté una declaración que inmediatamente supuse que iba a causar agitación, debate, escándalo (hasta este punto llegaba mi ingenuidad), comenzando por las huestes locales de la izquierda y a continuación, quien sabe, como una onda que se expandiera en círculos, en los medios internacionales, tanto políticos, sindicales o culturales que de la dicha izquierda son tributarios. En toda su crudeza, sin escamotear su propia obscenidad, la frase, puntualmente reproducida por el periódico, era la siguiente: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mi intención, deliberadamente provocadora, la izquierda así interpelada, respondió con el más gélido de los silencios. Ningún partido comunista, por ejemplo, empezando por aquel del que soy miembro, salió a la palestra para rebatir o simplemente argumentar acerca de la propiedad o la falta de propiedad de las palabras que pronuncié. Con mayor razón, tampoco ninguno de los partidos socialistas que se encuentran en los gobiernos de sus respectivos países, pienso, sobre todo, en los de Portugal y España, consideró necesario exigir una aclaración al atrevido escritor que había osado lanzar una piedra al putrefacto charco de la indiferencia. Nada de nada, silencio total, como si en los túmulos ideológicos donde se refugian no hubiese nada más que polvo y telarañas, como mucho un hueso arcaico que ya ni para reliquia serviría. Durante algunos días me sentí excluido de la sociedad humana como si fuese un apestado, víctima de una especie de cirrosis mental que provocaba que no diera pie con bola. Llegué a pensar que la frase compasiva que andaría circulando entre los que así callaban sería más o menos ésta: “Pobrecillo, ¿qué se podría esperar de él con esa edad?” Estaba claro que no me encontraban opinante con la estatura adecuada.

El tiempo fue pasando, pasando, la situación del mundo complicándose cada vez más, y la izquierda, impávida, seguía desempeñando los papeles que, en el poder o en la oposición, les habían sido asignados. Yo, que mientras tanto había hecho otro descubrimiento, el de que Marx nunca había tenido tanta razón como hoy, supuse, cuando hace un año reventó la burla cancerígena de las hipotecas en los Estados Unidos, que la izquierda, allá donde estuviera, si todavía le quedaba vida, abriría por fin la boca para decir lo que pensaba del asunto. Ya tengo la explicación: la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca. Pasó lo que pasó después, hasta lo que está ocurriendo hoy, y la izquierda, cobardemente, sigue no pensando, no actuando, no arriesgando ni una pizca. Por eso no es de extrañar la insolente pregunta del título: “¿Dónde está la izquierda?” No doy albricias, he pagado demasiado caras mis ilusiones.

Fuente: http://cuaderno.josesaramago.org/

18 sept 2008

LA ANIQUILACIÓN DE LA ANCIANIDAD

A Cecilia y Patricia, como recuerdo de nuestra aventura política

“Corre camarada, lo viejo está detrás de ti”[1]

Mayo de 1968. “La edad de oro fue la edad en que el oro no reinaba. El becerro de oro siempre es lodo”, declamaron los estudiantes parisinos. Ese año sopló un viento fuerte, aparentemente nuevo, que arrancó los oropeles del templete burgués en Europa. Lamentablemente, los universitarios mexicanos escribieron mucho menos; el ejército aplastó la revuelta. No obstante, enfocar el 68 exclusivamente desde Tlatelolco es reduccionista. Los jóvenes del mundo quisieron algo más que una rebelión; pretendieron una revolución cultural, irreverente, provocativa, pero optimista.

Cuarenta años después, la principal herencia del 68 es la devaluación social de la ancianidad. El desprestigio ha llegado al extremo de inventar eufemismos (“adultos mayores”, “adultos en plenitud”) para evitar la obscenidad de las palabras viejo y anciano. Las etimologías de senador (del latín senex, viejo) y presbítero (del griego presbíteros, el más viejo) carecen de sentido en la civilización de cuerpos bellos y jóvenes.

Durante siglos, los ancianos fueron los depositarios del conocimiento y la virtud y, por tanto, del poder. La aristocracia y la burguesía compartían, cada una a su modo, dicha premisa. En consecuencia, concedían gran importancia a la cortesía y ritos afines, tan útiles para destacar la diversidad de funciones y estamentos. Al derogar esta liturgia laica, los viejos fueron degradados: ahora son los parias, la casta ínfima. Con el 68 comenzó “la guerra del cerdo” al estilo de Bioy Casares: los ancianos son los culpables.

“Aquí se es espontáneo”

En Francia, la revuelta cobró la cabeza de Charles de Gaulle. El general reunía en su persona los rasgos del pequeñoburgués: hombre de familia, religioso, nacionalista, conservador en moral, ahorrador y empeñoso, celoso de la autoridad.
El conservadurismo burgués –expresión jabonosa y escurridiza– goza de mala prensa. Con todo, el ideal burgués entraña cualidades encomiables: vocación liberal, respeto a la autoridad, urbanidad, laboriosidad, austeridad, vida en familia, orden, legalidad.

Me viene a la mente la novela Los Buddenbrook, en la que Thomas Mann relata las vicisitudes de una paradigmática familia burguesa. Gracias al trabajo duro y al éxito comercial, los Buddenbrook ganan reconocimiento social. El declive de la familia comienza cuando el romanticismo infecta al heredero: la estética sustituye a la eficacia, la espontaneidad prevalece sobre el orden, el impulso predomina sobre el análisis, la creatividad prima sobre la experiencia, y la inspiración avasalla el empeño rutinario y académico.

“No cambiemos de patrón, cambiemos de patrón de vida”

La rebelión del 68 atacó los pilares de la sociedad tradicional burguesa: Iglesia, Estado, Universidad y Empresa. Abolidas las viejas maneras, sin el blindaje de los viejos rituales, la autoridad quedó a merced de la crítica de los jóvenes. El diálogo erosionó la verticalidad de las instituciones; sólo la Empresa resistió el embate y dio cobijo al autoritarismo, aunque ciertamente en formas más sutiles. El mercado reveló su poder. Los símbolos sesentaiocheros de horizontalidad devinieron una mercancía más: jeans de marca libre, jeans de diseñador, de obrero o de millonario.

“La insolencia es la nueva arma revolucionaria”, garabatearon en la pared de la Facultad de Medicina de París. La abolición de las buenas maneras jugó un papel decisivo en esta revolución en que la mezclilla obrera desplazó a la corbata. El deterioro de los símbolos tradicionales de la autoridad fue el indicio más visible de un cambio profundo: la devaluación de la experiencia y la madurez. Antes del 68, la espontaneidad y la creatividad no eran los ejes torales de la teología, la política, la economía y, quizá, ni siquiera de la cultura. La tradición tenía un peso específico en la mentalidad pequeñoburguesa. El 68 se burló de la sensatez conservadora y activó un gen moderno, hasta ese momento aletargado: la idolatría al cambio. Aquellos jóvenes aceleraron el descrédito de la tradición.

“Si tiene el corazón a la izquierda, no tenga la cartera a la derecha”

La Ilustración burguesa es, por definición, crítica. Sin embargo, se trata de una crítica acotada por la funcionalidad y la sensatez. En ¿Qué es la Ilustración? Kant suaviza el ímpetu crítico y lo disuelve en un ejercicio compatible con la obediencia estándar. A la hora de la verdad, el uso público de la razón –someter las creencias al tribunal de la razón– respeta el statu quo. El soldado, sugiere Kant, debe acatar las órdenes del oficial, y el inferior ha de obedecer al superior. Sapere aude!, pensar por uno mismo: sí, siempre y cuando cumplamos con las obligaciones de nuestro cargo. Esto es el conservadurismo burgués.

La táctica kantiana se emparenta con la moral provisional de Descartes: aplicar la duda sistemática y universal, preservando las normas vigentes en tanto averiguamos si conviene abandonarlas. El conservadurismo burgués está dispuesto a reparar el barco, incluso a desarmarlo, si es menester. Pero no emprenderá los arreglos en altamar por miedo a hundir la nave.

“No a la revolución encorbatada”

La rebelión del 68 pretendió desmantelar este rescoldo de conservadurismo. La juventud perdió el respeto por el establishment: no temió cambiar el casco del barco a la mitad del océano. Al grito de “la imaginación al poder”, los capitanes prudentes, sobrevivientes de tantas tormentas, fueron defenestrados por marineros núbiles y audaces. La nueva generación arremetió contra el fetiche de la tradición que, a menudo, no era nada más que hipocresía. Y sin pretenderlo, nos despojaron de una coraza contra las inclemencias del mercado.

En Minima moralia (1951) Theodor Adorno avizoró el peligro: “tras la demolición pseudo-democrática de los formalismos, de la cortesía al viejo estilo [...] tras la aparente claridad y transparencia de las relaciones humanas, que ya no tolera nada indefinido, se anuncia la pura brutalidad. La palabra directa, que sin rodeos, sin vacilaciones ni reflexión, te dice en la cara cómo están las cosas, ya tienen la forma y el tono de una orden [...] La sencillez y objetividad de las relaciones que elimina todo oropel ideológico entre los hombres, ya se ha convertido en una ideología en función de la práctica de tratar a los hombres como cosas”. El mercado domesticó los desplantes de la juventud del 68.

El neorromanticismo sesentaiochero despojó a la burguesía de las reminiscencias aristocráticas (la vieja etiqueta, la veneración por la vejez) y poco más. Hoy no somos más críticos, ni más libres, ni más espontáneos, ni más creativos que quienes vivieron antes de 1968. Seguimos siendo tinta sobre un papel; individuos planos, hombres unidimensionales que aguardamos, con terror, la ancianidad.

– Héctor Zagal

Fuente: http://www.letraslibres.com/index.php?art=13179

21 ago 2008

La inmortalidad del alma humana

El filósofo señala los “argumentos deficientes” de Plotino, Platón o Fichte, entre otros… pero murió antes de exponer su visión.

Antonio Millán-Puelles es sin duda uno de los filósofos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Fallecido el 22 de marzo de 2005, el presente es un libro póstumo, al que no sólo faltan los retoques que el autor habría querido darle para su publicación definitiva, sino también su segunda parte, en la que, según el plan original, Millán-Puelles expondría su propia argumentación a favor de la inmortalidad del alma humana.

Esto no quita valor a un libro en el que encontramos el rigor y la profundidad filosófica característicos de este gran maestro del tomismo contemporáneo. Escrito en sus últimos meses de vida, el libro aúna el interés vital por el tema de quien lo escribe y el pleno dominio de la argumentación filosófica de un gran maestro.

En esta edición, después de la presentación del editor, José M.ª Barrio Maestre, del prefacio de Alejandro Llano, y de un Prólogo y una introducción del autor, el libro se divide en seis capítulos. Pero a esta división subyace otra tácita: desde el Capítulo I hasta el Capítulo V, el autor pone los fundamentos antropológicos para tratar el tema de la inmortalidad del alma.

Se trata de una lúcida exposición de las líneas fundamentales de la antropología, de inspiración aristotélico-tomista, aunque con originales hallazgos y sugerencias del propio Millán-Puelles. Estos capítulos, de por sí, han hecho que la publicación mereciera la pena.

En ellos se tratan los siguientes temas: los conceptos de vida, muerte e inmortalidad (Capítulo I); el concepto de hombre, a través de sus muchas definiciones (Capítulo II); el concepto de alma (Capítulo III); el concepto de alma humana (Capítulo IV); y la defensa del uso de la expresión “inmortalidad del alma humana”, en discusión con algunas afirmaciones de Josef Pieper (Capítulo V).

La otra “parte” está constituida por el Capítulo VI, en el que expone los que él considera “argumentos deficientes” para probar la inmortalidad del alma. Recorriendo la historia de la filosofía, el autor expone y critica argumentos de Platón, Cicerón y Séneca, Plotino, San Agustín, Descartes, Spinoza, Kant y Fichte, entre otros.

El conjunto es un tratado de estilo y espíritu clásico y tomista sobre la inmortalidad del alma. Una bocanada de aire puro para un mundo intelectual y académico, como el de la España actual, viciado de pragmatismo y relativismo, incluso en ambientes filosóficos.

Es una lástima que los argumentos propios de Millán-Puelles no hayan podido ser expuestos, aunque desde sus bases antropológicas y su inspiración tomista se los pueda de algún modo vislumbrar.

En todo caso se trata de una obra muy recomendable para quien quiera cultivar en su espíritu ideas rectas acerca de la naturaleza humana y su destino. Destino que, esperamos, este importante maestro ya estará disfrutando en plenitud. La inmortalidad del alma humana

Antonio Millán-Puelles
Rialp
Madrid 2008
204 páginas

Autor: Martín F. Echavarría.
Fecha de publicación: Agosto 12, 2008 por Revista Per Se

Nuevo blog del Seminario de Hermenéutica

Desde el pasado 27 de mayo se puede consultar en la red el blog del Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este seminario es dirigido por Mauricio Beuchot, creador y propulsor del movimiento filosófico de la Hermenéutica analógica.

¿Qué es Hermenéutica?

La hermenéutica es la disciplina (arte y ciencia) de la interpretación de textos. El interpretar se entiende como un proceso de comprensión, que cala en profundidad, que no se queda en una intelección instantánea y fugaz. La noción de texto abarca desde el texto escrito, que es la idea tradicional, pasando por el diálogo hasta la acción significativa.

La hermenéutica es una actividad filosófica, y está siempre en contacto estrecho con la literatura, la historia, el derecho, la antropología, la psicología, etc. Disciplinas con las cuales se enriquece para poder crear un trabajo interdisciplinario de interpretación y explicación/comprensión.

Los orígenes de la hermenéutica pueden rastrearse desde los griegos. Aristóteles, en su Peri hermeneias, esbozó algunas ideas sobre ella. Posteriormente, los medievales, con su exégesis bíblica de la Escritura, fueron afanosos cultivadores suyos. El renacimiento llevó al máximo la significación simbólica de los textos, al tiempo que originó la filología más atenida a la letra. La modernidad lleva adelante esa filología, con tintes de cientificismo, hasta que, en la línea del romanticismo, Schleiermacher resucita la teorización plenamente hermenéutica. Su herencia se recoge en Dilthey, que la aplica a la filosofía de la cultura y de la historia. De él supo recogerla Heidegger, en sus reflexiones sobre el ser y el hombre. La transmite a Gadamer, el cual ha influido sobre otros más recientes, como Ricoeur, Vattimo y Grondin. Actualmente, la hermenéutica en México se ve reforzada con la aportación de la hermenéutica analógica de Mauricio Beuchot.(1)

En el blog se puede consultar: bibliografía, reseñas, críticas, eventos próximos, perfiles de los miembros del seminario, entre otras muchas cosas.

Puedes accesar al blog desde el siguiente enlace:

http://seminariohermeneutica.blogspot.com

Notas:
1.Fuente: Seminario de Hermenéutica

Autor: Iván Moreno
Fuente: http://www.filosofia.com.mx

12 ago 2008

La velocidad de la arquitectura china


por Juan Carlos Cano


Gritas, el eco no existe
Bei Dao

La toma aérea era melodramática. Una casa pequeña al centro de un foso de tierra excavada de diecisiete metros de diámetro y diez metros de profundidad en una manzana lista para recibir los cimientos de un futuro centro comercial. Alrededor, edificios. En la azotea de la vivienda, una bandera china. Doscientas setenta viviendas ya habían sido demolidas en la misma manzana, faltaba sólo esta. Le decían “la casa clavo de Chongqing”. La imagen abarrotó la prensa internacional, los propietarios Wu Ping y Yang Wu se volvieron famosos. Luego de tres años de negarse a ser desalojados, los dueños cedieron a las presiones, tanto de los constructores como del gobierno, y fueron reubicados en una vivienda de similar tamaño en el distrito de Shapingba, a las afueras de la ciudad. Al día siguiente la vivienda fue demolida. El orden establecido siguió su curso. El gesto de los propietarios dejaba la misma sensación de heroísmo desesperado e inútil que la de aquel hombre que intentaba detener a los tanques cerca de Tiananmén en 1989. La impotencia de estos actos hace evidente que cuando China se propone dar cualquier gran salto hacia adelante no hay quien se lo impida. Lo han ensayado por milenios. Lo seguirán haciendo.

Los planes urbanos y las intervenciones arquitectónicas chinos han estado siempre ligados a la verticalidad del poder. Existe una continuidad histórica entre la creación de la Ciudad Prohibida, la remodelación de la plaza Tiananmén por Mao Zedong y la construcción de los actuales rascacielos y estadios. Son planes que van más allá de la creación de espacios para la convivencia cívica: la arquitectura se reduce a un mero símbolo, su finalidad es la demostración del poder implacable aunado a una asimilación de la modernidad que sería impensable en cualquier país occidental. El desarrollo urbanorregional de China a principios del siglo XXI es quizá el mayor experimento poblacional de la historia humana. Las estadísticas son abrumadoras. China consume el 54.7% de la producción mundial de concreto y el 36.1% de la producción de acero. En los próximos veinte años doscientos millones de campesinos emigrarán a las ciudades. Tres aglomeraciones urbanas, el Delta del Río de las Perlas, el Delta del Yangtsé y el área Pekín-Tianjin-Tangshan, concentran más de 120 millones de habitantes. Sólo en Shanghái existen 2,800 rascacielos de más de dieciocho niveles y se encuentran otros dos mil en proyecto. Además, el nuevo hipercapitalismo comunista desborda energía y está ansioso por apantallar al mundo a cualquier costo. Todo se vale y todo está por hacerse. Es decir, es el paraíso de los arquitectos globales.

Rem Koolhaas se negó a participar en el concurso de reconstrucción del World Trade Center de Nueva York argumentando que se intentaba crear un monumento autocompasivo a escala estalinista; sin embargo, por las mismas fechas, hizo todo lo posible para ganar el proyecto del edificio de la CCTV, la Televisión Central China. Koolhaas, divertido, alguna vez mencionó que la decisión la tomó cuando leyó una galleta de la fortuna que decía: “Soberbios Omnipresentes Maestros hacen de la memoria carne molida.” Un guiño profético a lo que sucedió eventualmente: Daniel Libeskind ganó el proyecto de la Freedom Tower y al poco tiempo David Childs y su despacho SOM se lo arrebató. Actualmente, Koolhaas está por terminar el paradigmático rascacielos de la CCTV, al tiempo que la Freedom Tower aún se encuentra en cimientos. Al parecer fue una buena elección, benditas galletas de la fortuna. Mientras en Nueva York un proyecto puede tardar años en ser discutido, consultado con decenas de entidades, replanteado y autorizado, en China todo se hace sobre la marcha, con velocidad, abundancia de mano de obra y la ansiedad de nunca saber quién está dirigiendo la orquesta. Como lo resume Juan Carlos Sancho, arquitecto español con varios proyectos en China, hay cuatro premisas básicas que hay que entender para trabajar allá: no existen modelos estéticos, no hay procesos ni proyectuales ni reales, no hay sistemas identificables y no hay situaciones estables. Cada quien es responsable de descifrar los códigos. Eso sí, la máquina no para. Tampoco espera.

De esta manera, la experimentación formal y las proezas tecnológicas en la arquitectura han aparecido con total libertad: el Estadio Olímpico de Pekín de Herzog & De Meuron, el Aeropuerto de Pekín de Norman Foster, el Cubo de Agua de PTW, el Teatro Nacional de Paul Andreu, el World Financial Center de Shanghái de KPF, etc. Todas estas son obras que no podrían existir en otro país con un sistema de producción distinto. Reflejan la grandilocuencia de su tiempo. Sin embargo, dentro de toda la vorágine se percibe algo de ceguera, algo de espejismo chino. Ian Buruma es preciso: “Es difícil imaginar en los años setenta a un arquitecto europeo famoso proyectando una estación televisiva para el régimen de Pinochet sin perder toda su credibilidad. ¿Por qué entonces hacerlo hoy en China se ve bien?” Es verdad. ¿Tan cínicos nos hemos vuelto? ¿Alguien recuerda Tiananmén? ¿A alguien le importa? El Nuevo Oriente se asemeja al Viejo Oeste: todos han llegado a probar fortuna a una tierra sin ley; deben saber maniobrar entre la especulación y la corrupción, aprovechar las oportunidades, apostar con todo y tener muy presente que la casa siempre gana.

El entusiasmo es contagioso. El aprendizaje también. Esta política de puertas abiertas ha sido provechosa en otro sentido: ha provocado que las propuestas arquitectónicas más interesantes provengan de arquitectos chinos que comienzan a tener proyección mundial con encargos más bien modestos, como por ejemplo, Liu Jiakun, creador del Museo de Escultura Luyeyuan de Xinmin, y Yung Ho Chang, director del Atelier FCJZ, que retoman ciertos elementos de la arquitectura tradicional china, como los patios, los espacios de transición, la superposición entre interiores y exteriores, para abstraerlos y crear una arquitectura contemporánea sobria, ligada al paisaje. O también Ai Wei Wei, personaje multifacético que fue colaborador de Herzog & De Meuron en el Estadio Olímpico, cuyas obras son intervenciones puntuales insertadas en el paisaje y que ha reunido a varios arquitectos de todo el mundo para hacer pequeñas intervenciones aisladas en el Parque de Arquitectura de Jinhua. Curiosamente, ese es otro tema recurrente en los nuevos experimentos chinos: hacer recopilaciones de arquitectos reconocidos y ponerlos a todos juntos con mayor o menor fortuna. El más conocido es la Comuna de la Muralla China, irónicamente, un conjunto de doce villas privadas diseñadas por doce arquitectos asiáticos. Una colección privada de arquitectura con vistas a la Muralla China. Pinceladas exquisitas para los nuevos ricos chinos.

Sin embargo, la fuerza se encuentra en otros lados, en la presa de las Tres Gargantas, por ejemplo, o en las aglomeraciones urbanas, caóticas, incomprensibles, poseedoras de una energía que en Occidente aún no terminamos de asimilar. Quizás estamos ante la transformación radical de las formas de convivencia humana, la convivencia posturbana. Sólo nos queda observar estupefactos o participar sin tener una idea clara de lo que está sucediendo, como se pregunta Rem Koolhaas: “¿Tenemos derecho a hacer todo este trabajo a esta escala tan grande sin tener siquiera una opinión acerca de cómo debería ser el mundo? Y sin embargo, ¿tenemos tiempo para hacer un manifiesto? No lo sé.”

Fuente: Letras Libres

14 jul 2008

Todo de nada


Una clase de pintura se basa en el no contacto entre el lienzo y la mano, entre la tela y el pincel, ¿entre la mente y la obra?

Nunca nada alcanza su verdadero efecto creador si vemos que se "efectúa". O, al revés: nada es más auténtico ni humano que lo que presenta espontáneamente y sin humanizar: nada es más real que cuando no se "realiza". Y así sucesivamente.

La falta de relación, la carencia de proceso, la pérdida del lazo es quien desata el milagro. Toda magia se funda en el hiato entre distintos estados. Las catástrofes, los estallidos revolucionarios, las inexplicables curaciones, la suprema felicidad, provienen del vacío latente. Aquello que sucede como de la nada o del azar conlleva la marca de lo sobrenatural.

La vida misma cobra su mejor sentido del absurdo. El silencio, la oquedad, la ausencia, la nada, son los grandes creadores del mundo: el alma de cuanto merece la pena. Y el placer.

Fuente: http://www.elboomeran.com/blog/11/vicente-verdu/