Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas

15 abr 2008

Galería de espectros: Heráclito

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he vislumbrado al de Heráclito.

Delfín Agudelo: ¿De qué manera se te ha presentado? ¿Cómo él mismo o como alguna representación ajena?

Rafael Argullol: Me ha parecido ver a Heráclito, al único Heráclito que soy capaz de visualizar, que es el que hizo aparecer Rafael en su pintura La Escuela de Atenas, un personaje enigmático, oscuro y atormentado como las leyendas nos indican que era el propio Heráclito histórico. En la pintura de Rafael, aunque la presidencia de toda la escena la ostenten Platón y Aristóteles, creo que uno de los personajes que más llaman la atención al espectador es el personaje que está sentado en primer plano en las escaleras, apoyándose la cabeza en la mano, en la iconografía habitual de la melancolía. Y ese personaje que representa Heráclito según se dijo desde la propia época del renacimiento tenía la cara de Miguel Ángel. Si eso es así, me da la impresión de que La escuela de Atenas de Rafael se convierte en un documento decisivo de la cultura europea porque por un lado es una suerte de manifiesto visual de lo que ha sido el humanismo y por el otro de lo que había sido el arte renacentista hasta el momento en que Rafael pinta esta obra. Allí se sintetizan las dos grandes corrientes en las que se apoyan el renacimiento, que son la teología cristiana y el pensamiento griego y romano. Sería un retrato de las raíces de Europa y del renacimiento.

Pero por otra parte si las sugerencias y conjeturas que se han hecho son ciertas, sería también un retrato de época, en el cual Rafael capta las diversas topologías del artista que a principios del siglo XVI se están asentando en la Italia y Europa renacentistas. Y allí encontraríamos un gran antagonismo entre Leonardo da Vinci, que aparentemente es el que es retratado en la cabeza de Platón presidiendo la escena con toda la apariencia del artista sabio, que ha llegado al final de su vida a la armonía —de hecho el Platón con la cabeza de Leonardo de La Escuela de Atenas se parece muchísimo al autorretrato que hizo Leonardo de sí mismo—; y por el otro lado tendríamos a Miguel Ángel, en su encarnación de Heráclito, como el artista melancólico, como el artista atormentado, como el artista dramático. Y allí tendríamos la gran dualidad con la que finalmente culmina el renacimiento y que había sido captada por Rafael. La creatividad artística, como la consecuencia de esa tragicidad melancólica, sería la que nos vendría dada por la identificación Platón-Leonardo-sabio; y por otro lado la creatividad trágica, contradictoria y oscura que nos venía dado por la identificación Heráclito-Miguel Ángel-tensión y contradicción dolorosa. Si ese juego de conjeturas es cierto, por tanto Rafael no únicamente habría recogido el principal manifiesto de lo que es el arte renacentista, sino que también habría dado uno de los primeros retratos psicológicos colectivos de la historia de la pintura.

2 mar 2008

Espejos especiales

Cuenta E.F. SCHUMACHER en su obra Guía para perplejos esta sugerente historia:

En cierta ocasión leí una historia sobre un hombre que se moría y, en el otro mundo, se encontraba a una serie de conocidos, algunos que le gustaban y otros que le caían bastante mal. Pero había allí una persona que no conocía y no podía aguantarle. Todo lo que decía le irritaba y le indignaba —sus modales, sus costumbres, su pereza, su manera insincera de hablar, sus gestos— y, además, tenía la impresión de que podía leer los pensa¬mientos de ese hombre, sus sentimientos, y también sus secretos; en suma, toda su vida. Preguntó a los demás quién era ese personaje insoportable. Le dijeron: "Verás, aquí arriba tenemos unos espejos muy especiales que son completamente diferentes de los que hay en tu mundo. Ese hombre eres tú mismo". Supongamos entonces que tienes que vivir con una persona que eres tú... tal vez sea eso lo que tiene que hacer la otra persona. Desde luego que, si no te has observado a ti mismo, puedes llegar a imaginarte que sería estupendo y que si todo el mundo fuera como tú, este mundo sería un lugar verdaderamen¬te maravilloso. La vanidad y la suficiencia a veces no tienen límites. Cuando te pones en la situación de otra persona te estás poniendo también en su punto de vista, en el modo como te ve, te oye y te experimenta en tu comportamiento cotidiano. Te estás viendo a través de sus ojos.


17 dic 2007

Pro-vocación para los filósofos

En Spes salvi, la más reciente Encíclica de Beneticto XVI, se encuentra este pasaje sobre los filósofos. Aún sin atender directamente al contexto de tal documento, el mensaje tiene fuerza, tambén para nuestro tiempo. Me parece no una censura sino una pro-vocación. Jorge L. Navarro.


En los antiguos sarcófagos se interpreta la figura de Cristo mediante dos imágenes: la del filósofo y la del pastor. En general por filosofía no se entendía entonces una difícil disciplina académica, como ocurre hoy. El filósofo era más bien el que sabía enseñar el arte esencial: el arte de ser hombre de manera recta, el arte de vivir y morir. Ciertamente, ya desde hacia tiempo los hombres se habían percatado que gran parte de los que se presentaban como maestros de vida, no eran más que charlatanes que con sus palabras querían ganar dinero, mientras que no tenían nada que decir sobre la verdadera vida. Esto hacía que se buscase con más ahínco aún al auténtico filósofo. Benedicto XVI. Spes salvi. n. 6

Para leer la encíclica completa, da click aquí.

29 nov 2007

Parábola filosófica

Vivían en la antigua ciudad de Afkar dos intelectuales. Casa uno rechazaba y menospreciaba el saber del otro. Porque uno de ellos negaba que los dioses existiesen, y el otro era creyente.
Un día se encontraron ambos en el mercado y, rodeados por su partidarios, empezarona a discutir acerca de la existencia de los dioses. Y, tras horas de acolarada disputa, se seprararon.
Aquella noche, el incrédulo fue al templo y se postró ante el altar, y pidió a los dioses que le perdonaran su antigua impiedad. A la misma hora, el otro erudito, que había defendido la existencia de los dioses, quemó sus libros sagrados, pues se había convertido en incrédulo.
Kahlil Gibran